— Yule —

           Nuestros personajes llegaron radiantes a la mansión del clan Kyteler, donde fueron bien recibidos y vestidos para la ocasión. En el lugar se respiraba el más puro ambiente de los años 20; nuestras mujeres estaban preciosas y nuestros hombres altamente elegantes. 

           La cena de Yule empezó con los entrantes, donde la donante pelirroja del clan de los vampiros acaparó una bandeja de champiñones rellenos ella solita. Los hombres lobo se pelearon por los canapés, dando la nota como siempre; hubo algún que otro vómito por parte de nuestra embarazada favorita y se pudieron ver nuevas semillas de romance floreciendo a nuestro alrededor. El más destacado fue Nathan, nuestro lobo cura, que se emborrachó hasta el punto de enamorarse de una coctelera que acabó tirando por la ventana. La futura nueva manada destacó. 

           Tras los entrantes, llegaron los primeros platos. Como siempre, nuestros lobos comiendo como locos y cuando llegó la hora del postre, ya iban todos como cubas. Pero nuestra Idris pronto paró los bailes típicos de los que quieren restregar cebolleta y empezaron los juegos. 

         ¿Qué juegos? Ningunos. Tras un breve discurso, en la sala irrumpió un vampiro malherido y con la mirada cargada de terror. Algunos se extrañaron, otros halagaron los efectos especiales. El hombre, antes de morir y convertirse en polvo, nos advirtió. Vamos a morir. O al menos eso dice. Que dice que hay quimeras, chaval. Que monstruos vienen a por nosotros. Los alfas buscaron respuestas, algunos miembros escucharon y vieron cosas extrañas. Pero Idris Kyteler lo tenía muy claro... Ordenó que todos se dirigiesen al sótano. El bosque no era seguro y debían protegerse de lo que fuera que rondase por ahí. ¿Que igual están exagerando? ¿Quién sabe?

         Las órdenes fueron claras y concisas: los omegas, donantes, así como los menos entrenados debían permanecer en el sótano. Mientras tanto, arriba todos se lo estaban pasando muy bien. Pista: no. Se estaban calentando los unos a los otros y olía bastante a pelea. 

        Las horas pasaron y llegaba el momento de ampliar la zona de vigilancia. Al salir al jardín, vuestros sentidos desarrollados captaron otra anomalía: el olor. Huele a amenaza, a peligro y a sangre; sin embargo, también a criaturas malheridas y agonizantes. ¿Acaso aquello de lo que os estabais cuidando estaba cazando y matando a su paso? No lo podemos saber con certeza. Los olores se mezclaron; olía a lobo, a vampiro, a mar y a montaña al mismo tiempo.

Créditos a : ©Maléfica Junio 2019
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